El yoga cambio mi vida

El yoga cambio mi vida

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El yoga me salvó la vida

Solía pensar que los entrenamientos intensos y sudorosos que me dejaban sin aliento en el suelo eran los únicos que realmente importaban. Pensaba que cuanto más me esforzara, más podría silenciar las señales de mi cuerpo y, en definitiva, más control tendría sobre él.
Era lo contrario del movimiento consciente, porque no se regía por la atención a mi cuerpo, sino por una rutina arbitraria o un número de repeticiones. No sabía cómo sintonizar realmente con mi cuerpo, cómo escuchar lo que pedía. Además, el constante silenciamiento de las sensaciones corporales se tradujo en un adormecimiento de mis sentimientos y de mi intuición. Era adicta a las redes sociales y al ajetreo porque me sacaban de mi mente, un lugar en el que me aterraba aventurarme demasiado.
Cuando encontré el yoga por primera vez, lo vi como otra opción de entrenamiento, o como un día de descanso activo que apoyaría mis objetivos de fitness. Pensé que me beneficiaría de un estiramiento semanal, y disfruté del desafío de una clase de power yoga sudorosa. Cuando el instructor hablaba de combinar la respiración con el movimiento, o cuando pasábamos más de 5 minutos sentados o en savasana, me ponía nerviosa e incómoda. La invitación a quedarme quieta y escuchar se me escapaba, ya que pasaba mucha energía en mi día evitando precisamente eso.

El yoga cambió mi blog de vida

Recuerdo haber visto a mi madre practicando saludos al sol, cuervos y paradas de manos, y sin embargo lo encontraba súper aburrido cuando era niña. En general, consideraba que todo lo que hacía mi madre era aburrido y cutre en aquella época. El hecho de que formara parte de un club de gimnasia, que constantemente me decía que tenía que perder peso cuando en realidad tenía un six pack y estaba en un peso normal, tampoco ayudó a mejorar mi relación con mi cuerpo ni con la danza ni con nada acrobático. Tampoco mejoró mi relación con mi madre, con la que he estado completamente resentida hasta hace poco. Supongo que sentía un gran resentimiento hacia ella que he conseguido convertir en perdón. Los padres cometen errores, y supongo que el hecho de que ella sufriera una disfunción eréctil y una depresión no ayudaba a que su mente fuera más compasiva.
Y después de una sola clase de yoga, estaba seriamente enganchada. Sentí que era LA COSA que había estado buscando durante años. Después de esa primera sesión, fui a clase día tras día y seguí practicando. A pesar de que me empezaron a doler las muñecas, tenía un tobillo lesionado y una muñeca también. Seguí haciendo perros hacia abajo con un brazo y una pierna. En este punto también tengo que mencionar que el flechazo que tuve con mi profesor de yoga me ayudó a seguir yendo a las clases, lol. Estaba muy motivada por el estado de ánimo que podía alcanzar a través del yoga. Me encantaba la claridad de cada clase, de cada postura. Y mi profesor de yoga, extremadamente caliente, con una voz súper suave. Todo se sentía como si fuera un conjunto. El yoga se sentía como la combinación de la sabiduría y el sudor de mi trasero, todo sumado en una hora. Era como el amante que había estado buscando, sabio y que me hacía sentir bien después de verlo. El yoga, no mi profesor. Cada postura me enseñó mucho sobre mí misma. Y al final del día, todo parecía tener mucho más sentido para mí. Así que, basta de coquetear con el yoga – Puedes ver por ti mismo si te enamoras de él o no una vez que hayas probado una clase.

Comentarios

Una interpretación moderna del Yoga no tiene nada que ver con la visión tradicional de esta práctica ancestral. La palabra «Yoga» se refiere al conjunto, lo que implica que las asanas son sólo un aspecto del proceso. Toda la práctica es espiritual y las posturas son una forma de alcanzar el objetivo del Yoga: la iluminación. Sólo cuando eliminamos los patrones de hábitos inconscientes estamos en el camino de la felicidad, la compasión, el desinterés y la paz. En cambio, el Yoga se limita ahora a las asanas con el objetivo final de la forma física. Esta es la razón por la que voy a escribir sobre el efecto de la práctica del Yoga en el ser mental y espiritual.
Swami Satchidananda dijo:  «El yoga no es para la persona que come demasiado, o que se mata de hambre. El Yoga no es para la persona que duerme demasiado, o que no duerme en absoluto. El camino del medio es el Yoga. El yogui sabe cuánto comer, dormir y hablar. Ese es el camino del medio».
Este camino intermedio me permite estar equilibrado tanto en el sentido físico como en el espiritual. Guía mi dieta, mis ejercicios, mis acciones y mis palabras. Me permite estar en paz con el mundo que me rodea. Cuando estuve en el Retiro de Yoga Santosha, aprendí lo que significa realmente mantener el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el alma.

El pilates cambió mi vida

Fui relativamente tardía con el yoga.Hice algunas clases mientras viajaba por la India, pero no me metí de lleno en el yoga hasta que volví de un retiro en Portugal en 2015.Supongo que se puede decir que siempre he sido una persona bastante relajada.
En mis veinte años, no hacía mucho ejercicio. Simplemente no sentía la necesidad. Mis amigos me decían que «el yoga era lo mío»… pero por alguna razón, no lo hacía. Mis elecciones de estilo de vida no eran tan saludables, y esto se reflejaba en la mala calidad de mi piel y en los bajones de energía.
¿Es una coincidencia que desde que hago yoga sienta más alegría y gratitud por mi vida? No lo creo. Suelo despertarme feliz, y si no lo hago, unos cuantos movimientos de yoga me ayudan a orientarme en la dirección correcta. Incluso una breve sesión me hace sentir con los pies en la tierra y más capaz de disfrutar del momento. Es como una inyección de remedio de rescate.
Pero la práctica del yoga, con su énfasis en la conexión con la respiración, ha marcado una gran diferencia. Soy más capaz de manejar situaciones locas simplemente respirando a través de ellas. Me encuentro respondiendo en lugar de reaccionar, y eso es una buena noticia para todos los involucrados 🙂